No arrancamos en un estudio ni con una idea armada.
Arrancamos revendiendo ropa en la feria de Parque Lezama.
Sábados y domingos, de 7 de la mañana a 7 de la tarde, entre puestos, percheros y gente pasando todo el tiempo. Vendíamos streetwear y nos iba bien. La gente volvía, preguntaba, confiaba. Ahí entendimos algo: no era solo la ropa, era la forma.
Con el tiempo dijimos:
¿Y si hacemos la nuestra?
Así nació Drastik.
No como una marca perfecta, sino como una necesidad de hacer algo distinto, algo propio. De salir de lo básico, de cuidar el detalle y de usar la ropa para decir algo sin tener que hablar.
Diseñamos para los que no quieren encajar.
Para los que prefieren lo distinto aunque no sea lo más fácil. No seguimos reglas: las tocamos, las mezclamos, las cambiamos. Cortes raros, colores que llaman, prendas que no se repiten.
Acá no importa tu edad, tu género ni cómo te vistas “según otros”.
Importa tu actitud, tu historia y cómo te parás en la calle.
Drastik es comunidad, es feria, es calle y es evolución.
Seguimos mutando, aprendiendo y mejorando, pero sin olvidarnos de dónde venimos.
Drastik.
Demasiado drásticos para ser básicos.